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Cecil Beaton y Jayne Wrightsman, motivos superlativos para el confinamiento

La historia nos regala referentes para llevar bien el confinamiento. Eso sí, sin Covid-19 y con buen gusto, en una villa palaciega inglesa, o en un lujoso apartamento de Manhattan.

En estos días de confinamiento, he tenido la oportunidad de disfrutar del entorno que me rodea, y con tiempo para reflexionar, he pensado cuán ventajosa puede haber sido esta situación, si se descontextualiza, se aísla del mínimo atisbo de virus alguno, y se adereza con un poquito de espacio, de sentido estético y de arte.

Os pongo como ejemplo, a dos personalidades del siglo XX, cuyos hogares nos hacen, a partes iguales, soñar o morirnos de envidia. Os hablo de los lugares de residencia de Cecil Beaton, el fotógrafo de las estrellas, y de la coleccionista de arte norteamericana Jayne Wrightsman.

En el primero de los casos, la residencia en cuestión tiene nombre. Se trata de Reddish House, una casa señorial de principios del siglo XVIII ubicada en un pequeño pueblo de Inglaterra, que el fotógrafo de la alta sociedad, compró en 1947 y cuyo interior transformó, agregando habitaciones en el lado este, y extendiendo el salón hacia el sur.

“No quiero que la gente me conozca como lo que soy, sino como lo que estoy intentando y fingiendo ser”, decía Beaton constantemente, y eso fue lo que reflejó en su casa, de la que personalidades como Greta Garbo fue una visitante asidua. 

Cecil Beaton en su casa – via anothermanmag.com

Beaton estudió historia, arte y arquitectura y pensó en todo momento que la belleza era la palabra más importante del diccionario; sinónimo de perfección, esfuerzo, verdad y bondad, y todo eso plasmó en su hogar, donde permaneció hasta su muerte en 1980.

Cecil Beaton fue un hombre del Renacimiento en la Inglaterra del siglo XX: Su personalidad refinada y su talento como fotógrafo, diseñador de vestuario, escenógrafo, dramaturgo, creador de telas de moda y decorador de interiores, que proyectó en sus casas de campo su pasión por el arte, la jardinería y el deleite en la vida del pueblo. 

Sus interiores extravagantes, concuerdan con su talento único para la autopromoción, el deseo de teatralidad y la búsqueda incierta del amor. En su biografía, Cecil Beaton at Home se muestra su querida Reddish House, visual lujosamente ilustrada, con fotografías originales, que muestran sus obras de arte y posesiones, ofreciendo una imagen íntima de la extraordinaria y pomposa vida de Beaton.

Portada del libro «Cecil Beaton at home: An interior life» – via amazon.es

 

Jayne Wrightsman por su parte, poseía una magnifica casa palaciega en el Upper East Side. La célebre benefactora de artes, era una gran dama de la alta sociedad de Nueva York, contaba con una residencia de 14 habitaciones, repletas de obras de arte inclasificables, libros raros y coleccionables.

La Sra. Wrightsman se había mudado allí en la década de 1950 con su esposo, Charles B. Wrightsman, un magnate petrolero de Oklahoma que falleció en 1986. Como el matrimonio no tenía hijos, Christie’s subastó a su muerte en 2019 su colección de pinturas, muebles, alfombras, cerámica, plata y otros artículos que había conservado hasta el final, aunque había donado más de 400 piezas al Metropolitan Museum de New York, entre el Retrato de Madame Henri François Riesener de Delacroix, y El jardín de la casa de Monet en Argenteuil de Monet.

El Met fue su gran amor, y el objeto principal de su filantropía, pero su apartamento de la 5th Avenida fue otro gran amor. Según los informes, los Wrightsman compraron el apartamento de Manhattan a la baronesa Renée de Becker, y la Sra. Wrightsman lo transformó, incorporando valiosas obras de arte de antiguos maestros, y muebles y decoración francesa.

El apartamento en sí se convirtió en una especie de exposición de arte. El espacio era laberíntico, y los techos de gran altura.  Las ventanas contaban con un gran tamaño, y están remarcadas por suntuosas molduras de corona doradas. En cada habitación, una chimenea de leña con repisas de mármol francés aderezados con algunos toques modernos.

Jayne Wrightsman en su apartamento de Manhattan – via Alain.R.Truong

Entre sus estancias contaba con un comedor formal, un enorme salón y una biblioteca. El color favorito de la Sra. Wrightsman, era el rosa, y eso repercute desde el mármol rosado en la chimenea Louis XVI hasta el revestimiento decorativo floral de la pared. Tenía también una mesa redonda con sillas tapizadas de color rosa, y una lámpara de araña de cristal del siglo XVIII.

En el ala sur estaban habitaciones principales, cada una con baño y con un vestidor.

El edificio fue diseñado por Starrett & Van Vleck en un estilo palazzo renacentista neo-italiano en 1916. Incluye 12 apartamentos habitados actualmente por la creme de la creme, por lo que, de habernos confinado en este pisito, habríamos compartido los días con residentes tan notables como el gobernador de Nueva York Alfred E. Smith, el diseñador Tommy Hilfiger, o el magnate naviero griego Stavros Niarchos.

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