FUTURO-FICCIÓN: TO BE CONTINUED…

FUTURO-FICCIÓN: TO BE CONTINUED…
Álvaro Albadalejo, José García Vallés, José María Hevilla, Victoria Maldonado
Hasta el 15 de octubre de 2018
COLUMNA JM

Cuando la Virgen Macarena también es vanguardia

La exposición colectiva ‘Idiosincrasia sevillana y otras mitologías’ rescata la visión y revisión que los artistas contemporáneos de Sevilla hacen de tradiciones y tópicos. La muestra desempolva el dibujo original que el célebre Nazario realizó en 1976 y que fue plagiado, tres años más tarde, por el mismísimo Lou Reed. Ocaña, Ignacio Tovar, The Richard Channing Foundation y José Miguel Pereñíguez, entre otros, prestan su imaginario a este proyecto de la sala El Butrón.

A las sevillanas costumbres

«Esto no es una exposición, es un hermanamiento», explica, a modo de resumen, la comisaria Patricia Bueno del Río, quien reconoce que hay algo así como un contagio entre las tradiciones hispalenses y el lenguaje contemporáneo. «Muchos artistas con trayectorias y personalidades dispares se han dado a ese alma hondamente sevillana sin recurrir a lo facilón o al kitsch no intencionado», señala Bueno del Río.

Conversando con Patricia Bueno del Río

Licenciada en Historia del arte con Máster en patrimonio andaluz y arte contemporáneo. Afronto retos. Soy responsable del proyecto Plan Renove junto con Sema D´Acosta y Marcelino García, realizo la programación del espacio expositivo elBUTRÓN y dirijo las jornadas de arte contemporáneo “La ciudad invadida” en Guillena (Sevilla). Alguna vez me he atrevido a expresar una idea aglutinando obras de arte y disponiéndolas en un lugar (“Idiosincrasia sevillana y otras mitologías”), he coordinado subastas benéficas para ASEDOWN, y tengo una modesta sección radiofónica de emisión local en la que entrevisto a agentes activos del panorama artístico andaluz. Se llama “la visión espléndida”.

Proyecto Comisariado 1

Kim Kardashian, Street Art en Paris

Revisamos la figura de George Condo, the boss artist del Upper East Side, a propósito del outfit con el Birkin de Hermès pintado para Kim Kardashian.

La forma más elegante de prosperar en el arte, es abandonar el mundo de las ideas para bajar al mundo real y tocar objetos visibles, mundanos, tangibles y deseados. Ese es un dogma que se debería explicar en primero de pragmatismo para artistas millenials, pero que ya pusieron en práctica otros gurús hace algunas décadas.

Sobre la teoría – y la práctica- de lo material, y el consumo en el arte contemporáneo, queda claro que Andy Warholl fue el rey, pero George Condo, que en los 80 fue empleado suyo en The Factory, debió tomar buena nota de todo ello. Actualmente, Condo es un artista visual con un patrimonio neto de $ 200 millones que lleva a cabo obras de arte en distintos medios como dibujo, grabado y escultura. Está representado por galerías como la Skarstedt Gallery, en Nueva York, en la Simon Lee Gallery, en Londres y la Sprüth Magers Berlín/London.

 

 

Íntimo amigo de Warholl, Baquiat y Haring, Condo apareció en la escena artística de East Village en la década de 1980 y acuñó para definir su estilo el término Realismo Artificial, un hibrido entre la obra tradicional de los maestros europeos y la sensibilidad del Pop Art americano. Su obra ha sido expuesta numerosos museos de cuyas colecciones permanentes, también forma parte, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Whitney de Nueva York, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y más.

Su amplia carrera le ha llevado a ser uno de los artistas vivos de mayor prestigio, algo que se confirmó cuando en mayo de 2018, una de sus pinturas se vendió por $ 6,16 millones. Sin embargo, además de su amplia trayectoria en el arte, Condo ha llevado a cabo destacados trabajos mediáticos como portadas de libros, discos o incluso la intervención de alguna prenda de moda.

 

Kim Kardashian con el bolso de Hermés pintado por Condo – via Vogue

 

Algunos de estos proyectos, son la creación de una serie de pinturas para el disco Serenada Schizophrana de Danny Elfman en 2004, conocido principalmente por escribir música para las películas del director Tim Burton, la del álbum My Beautiful Dark Twisted Fantasy del rapero Kayne West en 2010, junto a una serie de posibles propuestas, o la customización del Brikin de Hermés que este mismo regaló en 2013 a su mujer, Kim Kardashian, y que ella rescató del armario hace poco más de un mes, demostrando que la obra de arte es atemporal.

 

 

Intuimos con sendos encargos, que la pareja formada por Kayne West y Kim Kardashian son fervientes admiradores de la obra de Condo, pues, el costo del bolso, para hacernos una idea, con la intervención del artista, alcanzaría un costo aproximado que rondaría en torno al millón de euros.

Además de estos proyectos, ha realizado otras iniciativas artísticas de envergadura, que han potenciado su interés, y aunmentado su proyección como celebrity. Es el caso de la exposición retrospectiva que The New Museum de Nueva York le dedicó con motivo del gran éxito que había alcanzado como artista de media carrera, y que fue titulada como Mental States. En 2013, además, realizó una gran instalación en la fachada de la Metropolitan Opera House, anunciando la nueva producción de la ópera Rigolleto de Verdi.

Para los que queráis saber más sobre esta emblemática figura, podéis ver el documental biográfico que se realizó en el año 2000, Condo Painting, dirigido por John McNaughton, y si aún así tenéis ganas de más, existen algunas monografías que merece la pena destacar como es el caso de The Imaginary Portraits of George Condo o George Condo: One Hundred Woman de Hatje Kanz.

Escenas (artísticas) que vaticinaron cómo actuaríamos en la cuarentena

4 visiones, de 4 artistas diferentes que resumen a la perfección nuestro comportamiento social durante la cuarentena.

No lo podemos negar, hemos pasado por psicofases comunes a todos durante la cuarentena a la que nos tiene sometidos el coronavirus; ya antes de que el Gobierno estableciese sus propias fases. Así es. Y todas ellas, pasan por nuestros estados de ánimo. Desde la primera, en las primeras semanas cuando la incertidumbre nos hacía pensar que bebíamos matarnos por hacer La Macro-compra, al pavor por proteger a nuestros familiares más vulnerables en las siguientes semanas, ante las terribles cifras de muertos que se estaban dando durante el ascenso de la curva, el insomnio, y la actitud positiva que nos ha convertido antes de la desescalada a todos en reposteros profesionales.

Una vez queda asentado este planteamiento, se me ocurre que, tras permearnos como reflexión, poner imagen a cada uno de estos estados de ánimo, es una manera certera de verificar los pensamientos, algo parecido a una exposición online, que se fundamenta en una particularidad nimia: todas las imágenes que ilustran este escrito, fueron creadas con anterioridad a la crisis del Covid-19, y por tanto, con un propósito distinto, pero, sin embargo, no pueden ser más convincentes para materializar estas ideas psicoactivas que nos han acechado durante los casi 50 días que llevamos (hasta la fecha) en confinamiento.

Dicho esto, empezamos a desgranar la primera psicofase. Sí. La de partirse la cara en el supermercado para llevarse un buen género.

Esto queda reflejado a la perfección en la obra que he seleccionado del artista italiano Sandro Giordano (@__remmidemmi) (Roma, 1972), cuyo proyecto fotográfico “In Extremis”, –al que pertenece esta obra– viene desarrollando desde 2013. Con él, el artista reflexiona sobre un mundo que se está desmoronando, sometido a la fatiga del dinamismo cotidiano y alimentado por un modelo de marketing preestablecido, reflejo de la fragilidad del individuo, que han quedado más que evidenciadas en esta situación de crisis mundial a la que nos ha sometido la pandemia.

Stiamo allá frutta. Sandro Giordano. – via Sandro Giordano

Si seguimos avanzando en el tiempo, entramos en la fase de sobreinformación, terror ante las cifras de fallecidos, y como consecuencia, la fase de acción de protección de nuestros mayores. Para reflejarlo, elegimos esta imagen de Dina Bova (Moscú, 1977). Se titula Elegia del otoño, y es de 2013.

Esta fotógrafa israelí nacida en Rusia intenta reflejar sueños a través de sus imágenes. Con una fotografía muy pictórica, encuentra ideas en periodos históricos del arte, así como en la espiritualidad y la religión. El resultado es una producción que apela contantemente a lo alegórico, la metáfora y la libre interpretación, reproduciendo un mundo irracional y paradójico, a veces extraño que sirve de reflexión a través de las sensaciones.

Elegy of autum (2013). Dina Bova. – via Dina Bova

Pasado este periodo de preocupación, y para combatir el aburrimiento, decidimos convertirnos en expertos reposteros, por lo que he nombrado esta fase como la de: ¿Merendamos hoy con un bizcochito? No podemos negar que lo hemos intentado –y algunos conseguido– estrenando, por fin, el horno que había comprado junto a su flamante cocina hace ya varios años.

escenas-de-cuarentena

Y, por último, la psicofase omnipresente. La atemporal: el insomnio. Para ello elegimos una imagen que el artista Tim Walker (Inglaterra, 1970) realizó en 2016 para una campaña de Vogue, en la que aparecía la modelo Karen Elson abrazada a un cocodrilo.

Las fotografías del artista Tim Walker cautivaron a los lectores de Vogue, mes a mes, durante más de una década. Sus puestas en escena extravagantes y la alusión a un entorno romántico caracterizan su estilo inconfundible. Actualmente, Walker también hace cine.

El interés de Walker por la fotografía comenzó en la biblioteca Condé Nast en Londres, donde trabajó en el archivo del emblemático fotógrafo del siglo XX Cecil Beaton, -a cuya figura os podéis acercar a través este post que subí anteriormente-.

Además de para Vogue, Walker ha trabajado para distintas ediciones británicas, italianas y estadounidenses, así como para W Magazine y LOVE Magazine, Ha realizado exposiciones en museos como el Design Museum de Londres, en 2008, Somerset House en 2012, exposición que coincidió con la publicación de su libro ‘ Story Teller ‘. En 2015 publicaría otro libro al que tituló ‘Pictures’, ambos, disponibles en Amazon.

Actualmente, Walker trabaja con la Michael Hoppen Gallery, y cuenta con obras en las colecciones permanentes de prestigiosos museos como el Victoria & Albert Museum y la National Portrait Gallery de Londres.

 

 

A propósito de interiores

La obra de Tina Barney en los 80 y los 90, la fotógrafa de las escenas domesticas y de interiores de su entorno.

Tina Barney es una fotógrafa neoyorkina de 74 años, conocida por sus retratar en gran formato y a todo color a familiares y amigos. Bisnieta del mítico Emanuel Lehman, cofundador de Lehman Brothers, estuvo desde pequeña alentada a desarrollar sus cualidades creativas, pues fue su abuelo, de hecho, quien la introdujo a la fotografía cuando era niña. Ya en la adolescencia, estudió Historia del Arte en la Spencer School de Manhattan, y a los 19 años, se marchó a vivir a Italia por un periodo de tiempo limitado que le estudiar el arte más a fondo.


Será en 1971 cuando Barney se dedica por primera vez profesionalmente a la fotografía. Este hecho viene desencadenado por una petición que le hace el Museo de Arte Moderno en Nueva York, que la convoca como voluntaria para su Junior Council, trabajando en el departamento de fotografía catalogando obras de la colección que iban a ser expuestas.

Posiblemente, este trabajo despertase su interés de coleccionar fotografías y comenzar a visitar exposiciones fotográficas en las galerías de su ciudad.

Aunque su obra es extensa, y sigue en curso, son mundialmente conocidas sus imágenes de gran formato a todo color en las que suelen aparecer interiores domésticos con personas de su entorno, una visión particular y sincera que ofrece una imagen amable, distendida y muy pictórica de la alta sociedad.

En la obra de Barney de los ochenta y los noventa, “los ricos” son un tema recurrente que le permite mostrar su fascinación por la repetición de tradiciones y rituales cotidianos que las familias repiten sin importar de dónde vengan, y así lo podemos ver aquí; con esta situación excepcional de pandemia, en la que algunos desayunamos juntos, nos acicalamos más detenidamente o experimentamos con el sexo.

Pero también, aprovechamos para ver nuestras series favoritas, poner a los más pequeños a jugar con los recursos de los que se disponen para amenizar las horas, o pasar tiempo de calidad en familia. Todo ello, en espacios más o menos amplios, y con más o menos actitud, que es al final la llave de la que disponemos para hacer frente al tedio al que nos tiene sometido el Covid_19, porque lo que son metros y recursos luxury, no solemos tenerlos tan a mano.

Sin embargo, y aunque viendo estas imágenes, nos familiarizamos con el síndrome de Sthendal, a la vez que añoramos tiempos pasados y nos ponemos verdes de envidia con los lugares y los outfits, nos sumergimos en la creatividad de una artista internacional, que cuenta con obras en colecciones y museos como el Museo Internacional de Fotografía y Cine George Eastman House de Nueva York; el MoMa Nueva York; el Museo de Bellas Artes de Houston, Texas; la Colección de Arte JPMorgan Chase en la ciudad de Nueva York; y el Museo de Fotografía Contemporánea.

Además, fue premiada con la beca John Simon Guggenheim en 1991 y en la actualidad, está representado por la Galería Paul Kasmin de Nueva York.

Si aún te quedas con ganas de conocer más sobre la biografía y la obra de esta fascinante artista, te recomiendo su libro “Friends and Relations : Photographs by Tina Barney”, editado en 1991 y que encontrarás en inglés. Pero si por el contrario, prefieres verla en movimiento, tienes disponible un documental filmado sobre su vida, y emitido en 2007 en Sundance Channel, que dirigió Jaci Judelson, y que puedes encontrar en Amazon Prime Video.

Todas las imágenes son propiedad de Tina Barney, podéis ver todo su trabajo en su web.

Cecil Beaton y Jayne Wrightsman, motivos superlativos para el confinamiento

La historia nos regala referentes para llevar bien el confinamiento. Eso sí, sin Covid-19 y con buen gusto, en una villa palaciega inglesa, o en un lujoso apartamento de Manhattan.

En estos días de confinamiento, he tenido la oportunidad de disfrutar del entorno que me rodea, y con tiempo para reflexionar, he pensado cuán ventajosa puede haber sido esta situación, si se descontextualiza, se aísla del mínimo atisbo de virus alguno, y se adereza con un poquito de espacio, de sentido estético y de arte.

Os pongo como ejemplo, a dos personalidades del siglo XX, cuyos hogares nos hacen, a partes iguales, soñar o morirnos de envidia. Os hablo de los lugares de residencia de Cecil Beaton, el fotógrafo de las estrellas, y de la coleccionista de arte norteamericana Jayne Wrightsman.

En el primero de los casos, la residencia en cuestión tiene nombre. Se trata de Reddish House, una casa señorial de principios del siglo XVIII ubicada en un pequeño pueblo de Inglaterra, que el fotógrafo de la alta sociedad, compró en 1947 y cuyo interior transformó, agregando habitaciones en el lado este, y extendiendo el salón hacia el sur.

“No quiero que la gente me conozca como lo que soy, sino como lo que estoy intentando y fingiendo ser”, decía Beaton constantemente, y eso fue lo que reflejó en su casa, de la que personalidades como Greta Garbo fue una visitante asidua. 

Cecil Beaton en su casa – via anothermanmag.com

Beaton estudió historia, arte y arquitectura y pensó en todo momento que la belleza era la palabra más importante del diccionario; sinónimo de perfección, esfuerzo, verdad y bondad, y todo eso plasmó en su hogar, donde permaneció hasta su muerte en 1980.

Cecil Beaton fue un hombre del Renacimiento en la Inglaterra del siglo XX: Su personalidad refinada y su talento como fotógrafo, diseñador de vestuario, escenógrafo, dramaturgo, creador de telas de moda y decorador de interiores, que proyectó en sus casas de campo su pasión por el arte, la jardinería y el deleite en la vida del pueblo. 

Sus interiores extravagantes, concuerdan con su talento único para la autopromoción, el deseo de teatralidad y la búsqueda incierta del amor. En su biografía, Cecil Beaton at Home se muestra su querida Reddish House, visual lujosamente ilustrada, con fotografías originales, que muestran sus obras de arte y posesiones, ofreciendo una imagen íntima de la extraordinaria y pomposa vida de Beaton.

Portada del libro «Cecil Beaton at home: An interior life» – via amazon.es

 

Jayne Wrightsman por su parte, poseía una magnifica casa palaciega en el Upper East Side. La célebre benefactora de artes, era una gran dama de la alta sociedad de Nueva York, contaba con una residencia de 14 habitaciones, repletas de obras de arte inclasificables, libros raros y coleccionables.

La Sra. Wrightsman se había mudado allí en la década de 1950 con su esposo, Charles B. Wrightsman, un magnate petrolero de Oklahoma que falleció en 1986. Como el matrimonio no tenía hijos, Christie’s subastó a su muerte en 2019 su colección de pinturas, muebles, alfombras, cerámica, plata y otros artículos que había conservado hasta el final, aunque había donado más de 400 piezas al Metropolitan Museum de New York, entre el Retrato de Madame Henri François Riesener de Delacroix, y El jardín de la casa de Monet en Argenteuil de Monet.

El Met fue su gran amor, y el objeto principal de su filantropía, pero su apartamento de la 5th Avenida fue otro gran amor. Según los informes, los Wrightsman compraron el apartamento de Manhattan a la baronesa Renée de Becker, y la Sra. Wrightsman lo transformó, incorporando valiosas obras de arte de antiguos maestros, y muebles y decoración francesa.

El apartamento en sí se convirtió en una especie de exposición de arte. El espacio era laberíntico, y los techos de gran altura.  Las ventanas contaban con un gran tamaño, y están remarcadas por suntuosas molduras de corona doradas. En cada habitación, una chimenea de leña con repisas de mármol francés aderezados con algunos toques modernos.

Jayne Wrightsman en su apartamento de Manhattan – via Alain.R.Truong

Entre sus estancias contaba con un comedor formal, un enorme salón y una biblioteca. El color favorito de la Sra. Wrightsman, era el rosa, y eso repercute desde el mármol rosado en la chimenea Louis XVI hasta el revestimiento decorativo floral de la pared. Tenía también una mesa redonda con sillas tapizadas de color rosa, y una lámpara de araña de cristal del siglo XVIII.

En el ala sur estaban habitaciones principales, cada una con baño y con un vestidor.

El edificio fue diseñado por Starrett & Van Vleck en un estilo palazzo renacentista neo-italiano en 1916. Incluye 12 apartamentos habitados actualmente por la creme de la creme, por lo que, de habernos confinado en este pisito, habríamos compartido los días con residentes tan notables como el gobernador de Nueva York Alfred E. Smith, el diseñador Tommy Hilfiger, o el magnate naviero griego Stavros Niarchos.